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:: Sunday, March 16, 2003 ::
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La Cultura del Facilismo
El sábado pasado estuve escuchando a Claudio Fantini en Radio Nacional Córdoba, comentando un libro de Tomás Eloy Martínez, recientemente premiado, y que desgraciadamente no me acuerdo cómo se llama. Pero lo importante eran las reflexiones de este escritor, autor del libro de "El Hijo de la Novia", hechas desde New Jersey donde vive, siguiendo de cerca la realidad argentina.
Contaba Fantini que el autor se preguntaba qué nos pasa a los argentinos. Son muchos ya los extranjeros que dicen que el peor mal de los argentinos es que no tenemos ni una remota idea de lo que nos pasa. Todos protestamos, pero no sabemos construir.
Dice que luego de largas consideraciones llega a la conclusión que nuestro peor mal es la cultura del facilismo que está muy enraizada en la Argentina. Agregaría yo que estuvimos mal acostumbrados primero a la abundancia de principios del Siglo XX, a la opulencia de fines de la Segunda Guerra Mundial (que para la Argentina fue un excelente negocio), opulencia que Perón distribuyó en parte y en parte dilapidó, luego nos dedicamos a vivir artificialmente de los préstamos externos y finalmente, en la última década, nos creímos que $ 1 = U$S 1 para siempre, como si nuestra productividad fuera la misma que la de la primera potencia mundial. Nos cansamos de salir al exterior, pedir "déme dos". Dejamos de fabricar, importábamos de todo el mundo, era mas fácil y barato. La clase media, con Perón, aumentó considerablemente.
A nadie se le llegó a ocurrir que una deuda externa como la que estábamos acumulando habría que pagarla o por lo menos reducirla, mientras el producto nacional no aumente, mientras no aumentara la producción local. Mientras tanto, seguimos el consejo de los prestamistas en cuanto a adoptar un modelo económico que sería más neo-liberal que el de los mismos países centrales.
A nadie se le ocurrió hacer ningún cacerolazo ante la falta de aprensión de los políticos para pedir préstamos. Y los políticos pensaban: no importa, el próximo gobierno se ocupará de la deuda, la cuestión es tener dinero ya para que la gente se acuerde bien de nosotros y de nuestro partido.
La vida era fácil, hacer política era también muy redituable. El mejor empleo era el empleo público. Y "colocar" a los amigos. La mayor ambición de los políticos, en general, era El Poder. ¿Vocación de servicio? ¿Y eso qué es? Los argentinos somos vivos, los otros son giles. Ya lo dice el tango: el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Esta frase tendría que estar en el Escudo Nacional, es la que mejor representa al argentino.
Había una tremenda complacencia con la corrupción, que además era impune.
Luego vino el momento en que la realidad argentina no se podía ocultar más. El estancamiento económico era ya demasiado evidente y la desocupación rondaba el 20 %.
Encima Cavallo se mandó el macanazo del corralito, para obligar a que las transacciones económicas se hagan a través del sistema bancario y poder así controlar las evasiones impositivas (esto, en la hipótesis de que sus intenciones reales hubieran sido ésas). Parece que lo que no pensó es que el ingrediente principal de todo sistema bancario es la confianza de la gente en los bancos, y que obligar a la gente a usar los bancos es incompatible con la confianza que pueda haber habido.
Luego tuvimos 6 ó 7 presidentes en sólo una semana. Todo se vino abajo. El corralito original era ahora un corralón, porque la gente más informada y rica se dio cuenta a tiempo de las intenciones del gobierno y escaparon lejos del corralito, dejando a los bancos vacíos. La que más quedó acorralada fue la clase media, Pymes incluídas. La industria se paralizó más, la desocupación pasó el 20 %.
Si bien la devaluación se imponía por sí sóla, trajo a la vida argentina un nuevo ingrediente: la inflación, y lo que esto significa para el bolsillo de la población. También la pesificación de los depósitos a $ 1,40, la pesificación de las deudas a 1:1, etc., etc.
Todo esto produjo la desesperación no sólo de la clase trabajadora, sino, y lo que es nuevo, de la clase media, que salió con las cacerolas a la calle. Se impuso entonces una cultura de la confrontación, el nihilismo, el no creer ni confiar en nada, en salvarse como se pueda y quién pueda. Se hace una prédica antipolítica que se parece mucho a una prédica antidemocrática. Se actúa como hordas de animales acorralados e irracionales.
A partir de esta situación se producen nuevos fenómenos y la exasperación de otros, indicando la existencia de un proceso de clara descomposición. Se generaliza la tercerización de la culpa.
Muchos de los mismos que protestan contra de la corrupción y la especulación, están prestos a aceptar cualquier oportunidad de coima o de especulación, con la excusa de que "total, si no lo hago yo lo hace otro". En definitiva, no hay una firme convicción de lo que se pregona. Somos una sociedad emferma, y lo peor, es que no nos damos cuenta!.
Se instala en la clase media el pensamiento fácil e irresponsable. Se reniega de todo lo político e institucional. Se lanza una caza de brujas (políticos, culpables o nó). Salen con martillos a romper cajeros automáticos, a pintar los bancos. Protestan ante los bancos y las transportadoras de caudales, pero no ante el Banco Central o el Ministerio de Economía.
Escrachan a Alfonsín, Negri, Viqueyra, le pegan a Roberto Aleman, con acusaciones comunes: chorros, corruptos. Piden la renuncia de la Corte Suprema, con acusaciones genéricas. No les interesan las instituciones de la República. Las consignas son nihilistas, y la izquierda infantil aprovecha como puede, pero otros sueñan ya con Mesías (armados) salvadores de la patria.
Ante el silencio (no justificable, de todos modos) de los políticos, el periodismo amarillo aprovecha para echar leña al fuego y aumentar la audiencia. El poco periodismo responsable que hay no tiene eco en la población. Es más fácil pensar livianamente, siempre que la conclusión sea "la culpa la tiene el otro". Hasta Mariano Grondona instala el chisme político, sino se queda sin rating.
Con la vida económica paralizada, sólo hay lugar para la especulación.
Las palabras solidaridad, meditación, reflexión, responsabilidad, no tienen ninguna importancia.
Para colmo de males, tenemos un gobierno nacional que en realidad no lo es, es un gobierno "casi central" más un conjunto de señores feudales, los gobernadores, que defienden su quintita en vez de pensar en el país. El gobierno nacional parece ser un gobierno de unidad nacional, pero los de las provincias ni siquiera lo parecen.
¿Qué esperanzas quedan en este panorama desolador? Creo que son dos principalmente: que el rumbo económico sea el correcto y que la población reaccione organizadamente, en ONG, en nuevos partidos políticos, en cambio de actitudes (cambio cultural). Que nos cansemos de la cultura del pensar fácil, desconfiando siempre del otro, del sacar ventajas.
Un oyente le preguntaba a Fantini qué pensaba del gobierno actual y la devaluación. Éste contestaba que durante Cavallo todo andaba a la perfección, prolijamente, pero en la dirección incorrecta. Ahora, marchamos como un borracho, zigzagueando, pero en la dirección correcta. No tuvimos en cuenta los estudios económicos serios como el Plan Fénix, por ejemplo. El oyente le pregunta entonces: …pero…¿vamos a llegar a destino?, a lo que respondió: ojalá no nos quedemos dormidos en el camino.
Pensemos entonces en qué hace falta para que lleguemos a buen puerto.
:: Marcos 2:34 PM [+] ::
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Bueno, voy mandando algunas notas interesantes, con la cita respectiva.
:: Marcos 2:31 PM [+] ::
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Eah eah eah pepe!!!!
Como va???
Esto es una prueba
:: Marcos 2:30 PM [+] ::
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